Capítulo  X

EJERCITO ROJO

 

Por haber licenciado el Gobierno del Frente Popular, al producirse el Alzamiento, a todos los soldados que se encontraban en filas —si bien pronto se rectificó esta medida—, el Ejército rojo se constituye en un primer momento a base de las milicias marxistas unificadas (socialdemócratas y comunistas), que al advenimiento del Frente Popular como Gobierno se habían formado por iniciativa de éste, como fuerza coactiva al servicio de la política de dicho Frente Popular. Estas milicias marxistas —que a partir del 16 de Febrero de 1936 detenían a los automóviles, obligándoles a entregar cantidades de dinero en favor del Socorro Rojo Internacional, por todas las carreteras, y cacheaban a los ciudadanos en todas las poblaciones, atribuyéndose funciones de policía— hacen su primera presentación oficial, perfectamente uniformados y disciplinados militarmente, durante el referido período prerrevolucionario, en la manifestación de primero de mayo del año 1936, prácticamente exceptuadas de la medida prohibitiva dictada por el Gobierno que había afirmado «que no se permitiría ninguna clase de milicias de carácter político uniformadas, y mucho menos su exhibición por la vía pública». (Documento número 1.)

En segundo lugar se forman unidades de milicianos con individuos de las sindicales obreras y partidos políticos frentepopulistas, tituladas con diversos nombres más o menos expresivos: «Leones rojos», «Columna de Hierro», «Temple y Rebeldía», «Amor y Libertad», «Spartacus», etc. Y, por último, se integran en el Ejército rojo los presos por delitos comunes, recién libertados: asesinos, ladrones y reos de delitos análogos de derecho común. (V. documento número 2,A).

Un caso que comprueba la afirmación del origen de las más destacadas unidades del Ejército rojo, cuya recluta fue realizada en los medios criminales, es el de la tristemente célebre «Columna de Hierro», de filiación anarquista, que sembró el terror desde el principio de los sucesos revolucionarios en toda la zona de Levante: Del 25 al 26 de agosto de 1936, por orden expresa del Frente Popular, fueron abiertas en Valencia la cárcel Modelo y el presidio de San Miguel de los Reyes, en que cumplían su condena, por delitos graves, centenar de delincuentes comunes. Sólo se exigía para la libertad que los excarcelados se afiliasen —dentro de la misma prisión— a cualquier partido político del Frente Popular. Los expresidiarios, libertados en masa, pasaron a engrosar las milicias dependientes del grupo de defensa de la C. N. T. y a partir de entonces, organizada ya a base de estos elementos la «Columna de Hierro)), esta unidad roja lleva a cabo toda clase de crímenes en las provincias de Levante, siendo varias las prisiones asaltadas por estos expresidiarios, que dieron muerte en ellas a multitud de presos políticos cuya detención era debida a sospechárseles desafectos al Frente Popular. En Valencia, el 14 de septiembre de 1936, es asaltada la cárcel Modelo por dos centurias de la «Columna de Hierro», mandadas por José Pellicer Gandía y Pascual Rodilla. Y en la misma fecha asaltaron el Archivo de la Audiencia y el del Gobierno Civil, sin que las autoridades rojas se opusieran ni aun formulariamente a estas actividades. De dicha «Columna de Hierro» se disgregaron varios grupos intitulados «Nosotros», «Los Indeseables» —formado por catalanes—, «Los Iconoclastas» y «Star», que tuvieron sometida a su capricho la región valenciana.

Se acompaña con el número 2, B y C., fotocopia de la Gaceta de Madrid, de 25 de enero de 1937, publicación oficial del Estado rojo, en la que aparece el Decreto-Ley de 22 de enero de 1937, en virtud del cual se amnistía —no se indulta, sino que se amnistía, medida aplicada hasta entonces en España y en el mundo entero civilizado, únicamente a los delitos puramente políticos-- a los asesinos y ladrones y a toda clase de maleantes que en «considerable número», como expresa la aludida disposición, forman parte del «Ejército del pueblo».

Todo este conjunto vino a formar el llamado Ejército popular, y a tales milicias se acuerda entregar las armas en la fecha histórica del 18 de julio de 1936, como resultado de la reunión que con el Presidente de la República, Manuel Azaña, tienen en el Palacio Nacional Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, ambos dirigentes del Partido Socialista, y los prohombres republicanos Diego Martínez Barrio (Presidente de las Cortes), Lara, Barcia y Sánchez Román. Largo Caballero mantuvo la decisión de armar al pueblo, criterio que, en definitiva, prevaleció por la decisión, de enorme trascendencia y responsabilidad histórica, del Presidente de la República, Manuel Azaña, quien alegó —según la declaración prestada por D. Ramón Feced Gresa, ex Ministro de la República y miembro del Partido Nacional Republicano, dirigido por el Sr. Sánchez Román—   que «las teorías sin masas, no tenían valor.»

El Sr. Sánchez Román refirió al Sr. Feced la expresión de satisfacción y de triunfo que se reflejó en el rostro de Largo Caballero al escuchar la decisión del Presidente de la República, que llevaba en sí la imposición de dictadura marxista. Sánchez Román, ante una resolución tan grave, no se atrevió a prestar la adhesión de su partido al Gobierno que se formase.

Y al poco tiempo, y cuando la turba, encabezada por asesinos y malhechores de todas clases cometía, con las armas proporcionadas por orden del Presidente de la República, los desmanes ya conocidos, D. Manuel Azaña manifestó —también según declaraciones del Sr. Feced— «que cada día se sentía más satisfecho de no haber escuchado el consejo de quienes proponían no se debía armar al pueblo».

Constituido el Ejército rojo, figuran, por excepción, en él algunos militares de carrera, entre los cuales descuellan el General Miaja y el entonces comandante Vicente Rojo (que más adelante alcanza el grado de General por sus servicios al Gobierno marxista). Para apreciar la falta de sinceridad en la actitud de estos dos jefes, a quienes el Movimiento sorprende en zona dominada por el Gobierno rojo, bastará tener en cuenta el hecho de que ambos militares figuraban inscritos en la organización «Unión Militar Española (U. M. E.), que había sido formada frente al empuje demagógico de la República con el fin patriótico de oponer en el momento oportuno un dique capaz de salvar a España del embate comunista. Llegado este momento y fracasado el Alzamiento Nacional en Madrid, el General Miaja y el Comandante Rojo, que ven la suerte corrida por tantos jefes y oficiales del Ejército —muchísimos de los cuales son asesinados por el solo hecho de pertenecer a dicha U. M. E.—, lejos de solidarizarse con sus compañeros, se apresuran a brindar sus servicios al Frente Popular. Pero como su conciencia no está tranquila, y creen que con hacer desaparecer la ficha de pertenencia a la mencionada organización, desaparecerá el rastro de su actuación anterior, el día 18 de julio de 1937, el General Miaja, acompañado del que era Comisario General de Policía de Madrid, David Vázquez Baldominos, y del Comisario-Jefe del fichero político a cargo de la policía roja, se presentó en dicho departamento y ordenó se le mostrara su ficha y la del entonces coronel Vicente Rojo, y, una vez en su posesión ambas fichas, se las guardó en el bolsillo. Los funcionarios de dicho negociado, auténticos frentepopulistas, vieron con desagrado semejante conducta, por lo que decidieron levantar un acta, a fin de atestiguar lo ocurrido, acta que reviste interés histórico. (Documento número 3.)

Francisco Largo Caballero, en ocasión de un informe que rinde ante el Comité Ejecutivo de la U. G. T., con motivo de su salida del Gobierno en mayo de 1937, como Presidente del Consejo de Ministros —debido a una intriga comunista, que proporciona el Poder al Dr. Negrín—, da una lista de militares afiliados a la U. M. E., en la que figuran «el General José Miaja y el Coronel Vicente Rojo)).

El Ejército del Frente Popular queda muy pronto sujeto a la vigilancia del Comisariado Político, copia bastante aproximada del Comisariado Político Soviético. El primer Comisario General fue el socialista comunistoide Álvarez del Vayo; la influencia soviética fue decisiva, adaptándose como insignia del Comisariado la estrella roja de cinco puntas, extendida a todo el Ejército del Frente Popular, que adoptó como saludo militar el ademán del puño cerrado en alto. (Documento número 4.)

La labor del Comisariado Político no fue solamente de proselitismo, sino muy principalmente terrorista. La mayoría de los asesinatos cometidos en las unidades militares rojas contra sus propios soldados, sospechosos de desafección o tibieza, se deben a la intervención personal de los Comisarios Políticos, secundados en su tarea por gran número de agentes provocadores que, de acuerdo con la terminología soviética, recibían el nombre de «activistas».

A la vigilancia política del Comisariado se agrega en el año 1937 la vigilancia policíaca del S. I. M., que también asesina impunemente, teniendo a su disposición cada delegado del S. I. M., en las unidades militares rojas, una red de confidentes y agentes provocadores denominados «agentes invisibles».

La rivalidad entre ambos instrumentos de terror, Comisariado Político y S. I. M. —ambos igualmente criminales— es bastante viva, por responder uno y otro a diferentes matices dentro del marxismo, lo que no impedía la cooperación del Comisario Político y del agente del S. I. M. dentro de la misma unidad militar, cuando de cometer algún asesinato se trataba; siendo esta cooperación aún más estrecha cuando el Comisario Político, en vez de ser comunista, era socialista, filiación política que, sobre todo en el Ejército del Centro, caracterizaba a los jefes y componentes del S. I. M.

El Ejército llamado popular —en el que tantos ladrones y asesinos formaban, según confesión del propio régimen en su Decreto ya mencionado de 22 de enero de 1937— habría de comportarse de acuerdo con su origen, y su conducta en la guerra respondería a este mismo carácter. En refuerzo de este Ejército, según declaraciones de comunistas destacados, la Internacional Comunista ordenó a los afiliados de todo el mundo la prestación de la máxima ayuda, encuadrándose muchos de ellos, así como muchos aventureros sin patria, en las Brigadas Internacionales, y de este modo el hampa internacional acampa en la España roja, llegando sus primeras formaciones a Madrid, con toda clase de elementos de guerra, en los primeros días de noviembre de 1936. (Documentos números 5 y 6.)

Formaciones que entonces y, en lo sucesivo, sufren la depuración del Diputado francés comunista Andrés Marty, depuración consistente, según varios testimonios, en «eliminar físicamente» a los sospechosos de desafección al comunismo, lo que le valió a Marty el sobrenombre de «Carnicero de Albacete», ciudad en donde se concentraban dichas fuerzas antes de su definitivo destino.

El resultado es que en todas las Brigadas Mixtas del Ejército rojo se asesina por los más diversos procedimientos a cuantas personas resultan sospechosas de desafección. Las primitivas milicias voluntarias del Frente Popular resultaron bien pronto insuficientes para luchar frente al Ejército y al auténtico pueblo de España, y el régimen marxista hubo de recurrir a levas forzosas (Documento número 7); por lo que el Ejército frentepopulista quedó integrado en gran parte por multitud de ciudadanos que, residiendo por azar del destino en la llamada zona roja, no tuvieron más remedio que incorporarse al Ejército referido, so pena de ser asesinados ellos, o incluso sus familiares. Y de toda esta masa de reclutas es criminalmente eliminado todo aquel que por los informes que le acompañan, o simplemente por su aspecto, resulta sospechoso a los jefes del Ejército marxista.

En todas las Brigadas del Ejército rojo se asesina, sin que quepa señalar excepciones. Únicamente pueden establecerse diferencias de grado por razón del número de asesinatos y del refinamiento en su realización, pudiendo ser mencionadas, en el Ejército del Centro (Madrid), entre otras, las siguientes unidades, de cuya multitud de crímenes, judicialmente acreditados, se señalan aquí algunos por vía de ejemplo :

-Primera Brigada Mixta: Asesinato de D. Miguel Millas Caballero, de cuarenta y dos años, tipógrafo.

-Cuarta Brigada Mixta: Asesinato de D. Francisco Romero del Valle, de veintisiete años.

-17 Brigada Mixta: Asesinatos de D. Enrique Sanz Carrasco, de veintiséis años, ebanista, y de D. Juan Francisco Salazar Rozadilla, de veintiún años, estudiante de la Escuela de Artes e Industrias.

-18 Brigada Mixta: Asesinato de D. José Gárgoles Barrientos, de veinticuatro años, realizado en el verano de 1938.

-19 Brigada Mixta: Asesinato de D. Silvestre Campillo Pellicer, de veintiséis años. Según declaraciones de su viuda, doña Ignacia Carrera Alonso, fue asesinado por unos oficiales, un sargento, un soldado y un Comisario Político, siendo después profanado el cadáver por la mujer del Comisario, que se encontraba presente.

-21 Brigada Mixta, de la que formaban parte elementos del Batallón «Leones Rojos», integrado por dependientes de comercio pertenecientes a la U. G. T. Asesinatos de D. Santos Alonso Fernández, comerciante; de D. Feliciano Villoslada Sobrino, de veintidós años, comerciante; de D. Lisardo Ponchero Pérez de León, empleado, y de D. Vicente Pérez. Los cuatro mencionados, detenidos en el frente de Teruel, en unión de Juan Jarrote Naredo y José Pintado Calvo, fueron conducidos al pinar de Bézar, donde fueron amarrados a los árboles, siendo martirizados y privados de comida y agua durante algunos días, al cabo de los cuales y después de varios simulacros de fusilamiento, fueron asesinados los cuatro primeros el 10 de agosto de 1937, obrando declaraciones en este sentido de D. José Villoslada Sobrino y D. José Pintado Calvo, prestadas respectivamente el 18 y 19 de noviembre de 1941.

-24 Brigada Mixta: Asesinato, en el año 1937, de D. Francisco Hilario López Castellanos, de veintiséis años, industrial.

-26 Brigada Mixta: Asesinato de D. Máximo Burgos Arribas, dependiente de comercio de veintiún años. Seguido por el Tribunal Militar Permanente del Primer Cuerpo de Ejército rojo, con motivo de este crimen, procedimiento número 1.792, del año 1938, correspondiente a la 1.a División, fue sobreseído sin responsabilidad. Por declaraciones prestadas ante la Causa General de Madrid, en 26 de febrero de 1943, por el que fue sargento rojo Anastasio Prudencio García, resulta que la víctima fue asesinada en la madrugada del 3o de marzo de 1938 por orden del Capitán de su Compañía. Asesinatos de D. José Morcillo Sánchez, de dieciocho años, estudiante, y de D. Juan Carballar Pujol, de veintiocho años, cometidos el 20 de diciembre de 1937; seguido igualmente por la Jurisdicción militar roja, por este motivo, un procedimiento de pura fórmula, resultó sobreseído sin responsabilidad. Después de la liberación de España, declaró sobre estos hechos, ante la Causa General, en 12 de enero de 1943, el sargento rojo Antonio Sánchez Román, quien manifestó que el Capitán de la Compañía a que pertenecían las víctimas, ordenó al declarante fueran éstas asesinadas, mandato que fue cursado a dos cabos de la unidad, que lo cumplimentaron, realizándose el crimen en presencia de un Teniente, del declarante y de un sargento. Fueron también asesinados D. Manuel Izquierdo Ros, natural de Alcalá de la Serva, de profesión campesino, muerto en 12 de diciembre de 1938; D. Jesús Rodríguez Serrano, de treinta y un años, dependiente de vinos, asesinado en 17 de junio de 1937 por la patrulla de Comisarios Políticos; D. Severino González Pelayo, D. Manuel Ciudad Real González, D. Fortunato García Monteagudo, D. Gregorio Sánchez Camaraz, D. Alfredo González Gonzáles y otros muchos.

-27 Brigada Mixta, formada a base del Batallón de la U. G. T. «Ángel San Juan», cuyo Comandante fue el tranviario Sebastián Pérez: Asesinato de D. Rafael Fernández del Pino y Almenar, que en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1937 fue detenido en su chabola y muerto por la espalda por un teniente, un sargento, un cabo y un soldado de la Unidad, habiendo sido denunciado este asesinato en 24 de junio de 1941 por D. Manuel Fernández del Pino y Almenar.

-28 Brigada Mixta: El 16 de noviembre de 1937 fueron detenidos Carlos Río Miranda Ameijeira, Victoriano Paje Martín, Jerónimo Hijón, Baldomero Fernández, Pablo Carpeño Fuentes, José Antón Antón, Manuel Martín García, Eduardo Gálvez Galera y otros muchos, la mayor parte de los cuales fueron asesinados. En diversas ocasiones fueron realizados otros asesinatos, en grupos de tres, cuatro y hasta seis detenidos, constando sobre tales hechos declaraciones testificales, como la que el superviviente D. Eduardo Gálvez Galera prestó ante la Causa General en 26 de junio de 1941. Fueron asesinados también D. Aquilino Cuadrado (detenido en su casa, estando enfermo, y llevado directamente al frente), D, Lucas de Agustín Valdeolivas, don Agustín Flórez Martín, D. Fernando Carreras Miral y D. Victoriano Bastante Díaz, siendo archivados sin responsabilidad los procedimientos judiciales instruidos por las autoridades militares rojas con motivo de estos hechos. En la misma Unidad fueron arrancadas las orejas a un sargento de la Legión, prisionero, que fue a continuación asesinado, habiéndose publicado el hecho en la Orden correspondiente: «para que sirviera de estímulo y de ejemplo».

-29 Brigada Mixta, formada a base del Batallón comunista ((Leal», que tuvo su origen en una «checa)) de la barriada de la Guindalera; también integraban esta Unidad elementos del Batallón «Tomás Meabe»: Asesinatos de D. Diego Gutiérrez Fernández, de veinticinco años; D. Rafael Fernández Viscón, de veinte años; D. José María Correcher Benedito, de veintisiete años, sastre; D. Secundino Rodríguez Gómez, de veinticinco años, dependiente de comercio, y don Romualdo Ortiz Santiago.

-34 Brigada Mixta: Asesinato, en la madrugada del 15 de noviembre de 1937, del soldado D. Modesto Pérez López, con intervención del Comisariado Político de la Unidad.

-36 Brigada Mixta: Guarneció el sector de la barriada de Usera: Entre la multitud de asesinatos cometidos por esta Brigada, de significación marxista, figuran los de D. Antonio Gordón Maillo, don Hipólito Laya Baeza, D. Gregorio Lavalle de Miguel, D. Carlos Aguado Ros, D. Francisco Pérez Martín, D. Miguel Torres, D. Julián Berenguer Villaescusa y D. Angel Martínez Zuazúa. Los mandos de esta misma Unidad roja, de acuerdo con organismos comunistas de la capital, cometieron en el sector que guarnecía la 36 Brigada los asesinatos y expoliaciones conocidos por «Crímenes del Túnel de la Muerte», que se relatan por separado.

-39 Brigada Mixta: Esta Unidad, de filiación anarquista, tenía como Comandante a un ex presidiario por delito común de sangre. Guarneció el sector de El Pardo, y a su demarcación eran conducidas numerosas personas residentes en la capital, cuyo asesinato, ordenado por el Comité Regional de Defensa de la C. N. T., se realizaba con mayor sigilo en el frente que en la retaguardia; servía de enlace para estos crímenes entre el referido Comité y la 39 Brigada un oficial de la misma apellidado Adrados Almazán. Otros asesinatos cometidos contra soldados de la Brigada, tuvieron por víctimas a D. Luís Pardo Rodríguez, de veintitrés años, empleado; D. Joaquín Caballero Salamanca, D. Pedro Cachaza y D. Felipe Beaumont León, de veintitrés años, estudiante.

-40 Brigada Mixta: Constan, entre otras muchas víctimas, las siguientes: D. Emilio de la Pinta Marcilla, D. José López Elche, D. Emilio Mao Carballada, D. José Vilches, D. Mauricio Rochel Lucas y D. Germán Morales (que fue asesinado mientras dormía de un machetazo en el costado izquierdo, siendo obligado el Médico por el Comisario de la compañía a certificar que la muerte de la víctima había sido producida por herida de bala disparada a distancia, para atribuir la muerte a disparo de las Fuerzas nacionales; existe prueba testifical de la versión exacta de estos hechos).

-41 Brigada Mixta: Entre otros asesinatos, puede mencionarse el de D. Manuel Hernández Castañedo, de veinte años, que se incorporó a esta Brigada en cumplimiento de obligación impuesta por la Dirección General de Seguridad roja, donde la víctima había estado detenido.

-43 Brigada Mixta: Asesinato de D. José González Ramos, de veintidós años, empleado; de D. Miguel Cortés González, de veinte años (asesinado en unión de otros 12), y de otro soldado apellidado Ancós Hernández, de treinta y un años, comerciante (que fue asesinado en el sector de la Casa de Campo en unión de 22 soldados más.)

-44 Brigada Mixta: Consta, entre otros crímenes, el relativo a D. Francisco Lebrero Ortega, de veintiséis años, comerciante, asesinado, cuando se encontraba herido y acostado sobre una camilla, por el Comisario político; después de la total liberación de España, por el triunfo de las armas nacionales, la familia de la víctima realizó la exhumación del cadáver, apareciendo éste con manos y pies atados. También fue asesinado D. Florentino Pinés del Castillo, de treinta años de edad, carnicero.

-46 División: Esta Unidad, tristemente célebre, se encontraba mandada por Valentín González (a) ,El Campesino)). La capacidad de mando de este cabecilla rojo era escasísima, pero en cambio gozaba de gran influencia política, y su carácter era tan duro, según declaraciones de sus propios subordinados, que tan pronto como era desobedecido, o se sentía descontento de algún oficial o soldado, ordenaba su fusilamiento, siendo esta División considerada como una Unidad de castigo a causa de los malos tratos que en ella sufrían los soldados. Era frecuente que los mandos de la 46 División organizasen, sobre todo en Alcalá de Henares, alegres reuniones, que se prolongaban algunas veces por espacio de varios días, embriagándose los jefes rojos de tal manera que en algunas ocasiones arrojaban en este estado bombas de mano, habiendo resultado muertos con este motivo algunos soldados de la Unidad. Fueron asesinados en esta División, entre otros muchos, D. Eduardo Álvaro de Benito y Costa, D. Juan Verín Garrido, D. Jesús Ros Emperador, D. Agustín Ramírez Callar, D. José Riaza González, D. Manuel San Bartolomé Rodríguez y D. José Antonio Cascales Sánchez. Como muestra de los instintos criminales de «El Campesino», puede citarse el caso ocurrido en la posición denominada «Pico y Pala», del frente de Quijorna: Habiéndole sido regalado un día al cabecilla comunista una pistola, para probarla hizo varios disparos a corta distancia sobre unos prisioneros, que quedaron muertos en el acto.

En declaraciones hechas por «El Campesino» en el Mundo Gráfico, de zona roja, del 16 de junio de 1937, número 1.337, Valentín González «El Campesino)) manifiesta que a los quince años intervino con otros muchachos en el asesinato de tres Guardias civiles, volando con dinamita la garita en la que estaban encerrados; después de estar unos años en la cárcel y de una vida azarosa, se alista en el Tercio Español en Marruecos, en la 5ª. Bandera, bajo el nombre de Antonio Pérez, desertando y pasándose al enemigo de España, Abd-el-Krim, y continúa diciendo textualmente «El Campesino» : «Al principio, apenas empecé a inspirarles alguna confianza, me dieron el mando de una «jarca», de 300 moritos, de Infantería, y en seguida, otra de Caballería. Después me incorpora el cabecilla a su Estado Mayor, en el que me distinguía particularmente. La acción conjunta de España y Francia acabó con las ambiciones de Abd-el-Krim. Y cuando, ya prisionero de Francia, el movimiento que él acaudillaba fracasó, los miembros de su cuadro militar extranjero teníamos que optar entre permanecer en las kabilas, compartiendo con los indígenas la vida montaraz, o escaparnos. Yo decidí pasar otra vez a la zona española.»

-53 Brigada Mixta: Entre los numerosos asesinatos cometidos por esta Brigada, puede mencionarse el caso referido por los testigos D. Rafael Mora Rodríguez y D. Agustín Paredes Pastor, según los cuales, en marzo de 1939, el Comisario político de la Brigada, apellidado Humanes, asesinó a un cabo del Ejército Nacional que había sido hecho prisionero.

-67 Brigada Mixta: En declaración prestada en 28 de mayo de 1941 por doña Romana Hernández Alcina, manifiesta dicha señora que su hijo fue asesinado de un balazo en la nuca por un sargento de la referida Brigada, siendo incierta la versión --que con arreglo a la fórmula corriente dieron los rojos—de que la víctima había sido muerta al intentar pasarse a las filas nacionales.

-75 Brigada Mixta: Fueron asesinados en el sector de la Casa de Campo dos Tenientes del Estado Mayor del segundo Cuerpo del Ejército rojo, siendo el ejecutor material de los asesinatos referidos un soldado, apodado «Carapalo»; en la misma Unidad se cometieron varios crímenes más, entre ellos el realizado contra cuatro soldados, que fueron asesinados juntos, también en la Casa de Campo. La 75 Brigada tenía su origen en varias Unidades organizadas por el partido de Izquierda Republicana.

-77 Brigada Mixta: Esta Unidad, de carácter anarquista, fue formada sobre la base del batallón «Spartacus» y diversas milicias andaluzas y extremeñas, cuyos oficiales eran en su inmensa mayoría reos de delitos comunes, habiendo cumplido condena algunos de ellos en el presidio de Puerto de Santa María. Las milicias que dieron origen a esta Brigada habían ya cometido toda clase de tropelías, en su huída ante el avance nacional, por todas las localidades por donde fueron pasando hasta llegar a Madrid. Los asesinatos cometidos en esta Brigada pasan de mil, habiéndose dado el caso de que, al incorporarse un reemplazo llamado por el Gobierno rojo, y de cuyo reemplazo fueron destinados a dicha Brigada muchos catalanes, fueron asesinados en dos meses unos doscientos; por lo cual tuvo que ser reorganizada la Brigada sin haber entrado en combate, alarmándose los propios mandos militares rojos, que amenazaron con disolver la Brigada. Entre la multitud de asesinatos llevados a cabo en la Brigada 77, pueden mencionarse los de D. José y D. Fernando García Navarro, D. Enrique Díaz Penen, D. Manuel Díaz Ruiz, D. Alberto Jiménez de los Galanes, D. Victoria-no Bayo Marín, D. Francisco Torres Muñoz, D. Antonio Marín Castro, D. Luís Rodríguez Alonso, D. Carlos Marín Ibáñez, D. Guillermo Collar Collar, D. Baltasar Parra Martínez, D. Evaristo García Alises, D. Manuel Rodrigo Sánchez, D. Estanislao Iturbia García, D. Otilio Guijarro, D. Manuel Benzala Alvín y un soldado, apellidado Monterroso Hernández; pudiendo asegurarse que los asesinatos cometidos en el frente no fueron más que la continuación de una larga serie de crímenes que habían comenzado en Madrid, en la «checa» de la calle de Santa Engracia, número 18, donde fueron asesinadas muchas personas, entre ellas un número muy crecido de Guardias civiles, contándose, entre otras muchas víctimas, la artista Victoria del Mar, asesinada por negarse a entregar sus joyas a los jefes del batallón «Spartacus». Todos estos hechos se encuentran plenamente acreditados por muy numerosas declaraciones de testigos presenciales, que refieren que las víctimas eran previamente martirizadas en el puesto de mando de la Brigada, siendo después obligadas a cavar sus propias fosas.

-5.° Regimiento de Milicias Populares y División de Enrique Líster: Organizado el 5.° Regimiento de Milicias Populares desde el principio del Movimiento, en Madrid, con elementos comunistas, estableció «checas» en todos sus cuarteles, realizando así, tanto en la reguardia como en el frente, numerosísimos asesinatos, que siguieron perpetrándose cuando, definitivamente organizado el llamado Ejército Popular, el 5.° Regimiento inicial se convirtió en Brigada, y más tarde, en 11 División (Documento núm. 8 A y B), siempre bajo el mando del antiguo cantero y ex presidiario Enrique Líster. Entre otros muchos, pueden mencionarse los siguientes asesinatos cometidos en la «checa» de la calle de Lista, número 29, Cuartel General de Líster: D. Manuel Salvatierra Las Peñas, señora viuda De Villate, D. Luís García García, D. Manuel González de Canales y Romero, D. Rafael Rueda González, D. José Ureta Aransay, D. Ángel Núñez Canalda, D. Ramón Huertas López, D. José Fernández Arcos, D. Francisco Martínez García, D. Gaspar Martínez García, D. Pedro Martínez Raso, D. Juan de Silva López, D. Luís Casal García, D. Fernando Bouza Lama, y así hasta más de 70 asesinatos, investigados por la Causa General, siendo también muy numerosos los que la referida Unidad comunista realizó en su cuartel de la calle de Francos Rodríguez, en sus cuarteles secundarios y en los frentes de guerra. Enrique Líster llegó a ser encargado por el Gobierno del Frente Popular del mando del 5.° Cuerpo de Ejército.

En declaraciones a la Prensa roja, Mundo Gráfico, número 1333, del miércoles 19 de mayo de 1937, Enrique Líster Luján, jefe de la División de su nombre, reconoce haber sufrido una condena de un año y ocho meses de prisión por su «actuación social», primero en la cárcel, y luego, en el Castillo del Príncipe, en La Habana (Isla de Cuba), y que en 1932, siendo Presidente del Sindicato de Canteros, de Santiago (España), intervino en el asesinato de un patrono, teniendo que huir al Extranjero, volviendo nuevamente a España con nombre supuesto.

Tanto Líster como «El Campesino» son hombres sin cultura y sin ninguna clase de conocimientos militares. El Partido Comunista les rodea a ambos de Estados Mayores lo más competentes posible para que los individuos que los forman sean los que realmente, en sentido técnico, manden las Unidades, quedando «El Campesino» y Líster como figuras decorativas, a efectos de propaganda, para impresionar a las muchedumbres: son una creación más de la Internacional Comunista. (Documentos núms. 9 y 10.)

-Batallones Alpinos. Con este título fueron creadas dos Unidades rojas, que cubrieron línea en el sector de la Sierra de Guadarrama. En el Batallón Alpino, mandado sucesivamente por Raimundo Calvo Moreno y por Ángel Tresaco, fueron asesinados unos 200 soldados, y entre ellos, D. Pascual Vallespín Vicente, de veintiún años, estudiante; D. Luis Rodríguez Manteola, don Gonzalo Blanco Cal, don Francisco Collado Soler, D. Emiliano Agudo Salvador, D. José María Muñagorri Acorta, D. Manuel Bouz Bouz, D. Antonio Molinero, don Ramón Campa, D. Antonio Muñoz de Vacas (que fué asesinado en unión de otros dos soldados en el sector de la Fuenfría), D. Miguel Cervantes y dos soldados apellidados Larraz y Arconada.

-9.° Grupo de Asalto. Entre otros, fueron asesinados don Carlos Escudero, un Guardia llamado Patón y otro apellidado Mille.
 

Como en pura democracia resultaba conveniente dar a estos crímenes una apariencia de legalidad, se encargaban de esta misión de encubrimiento los Tribunales Militares rojos, en los que se seguía por cada caso —y no siempre—un procedimiento brevísimo, recibiéndose unas cuantas declaraciones, de las que, invariablemente, aparecía que la víctima «al intentar saltar las alambradas e ir corriendo en dirección a la zona facciosa» era sorprendido por las guardias, y «al darle el alto y no atender la llamada», dichas guardias tenían que disparar, «matándole en el acto»; en vista de lo cual, el acuerdo de dichos Tribunales rojos era siempre el sobreseimiento y archivo de las diligencias, sin imposición de sanción alguna, en vista de que los asesinos habían cumplido con su deber; siendo dictadas tales resoluciones con perfecto conocimiento por parte de los Tribunales de los crímenes cometidos, según resulta, entre otras muchas pruebas, de las declaraciones del Presidente de uno de estos Tribunales dependientes del Ejército del Centro. Por millares de declaraciones prestadas por familiares y amigos de soldados del Ejército rojo que perecieron en esta forma, así como por individuos que pertenecieron a dicho Ejército, y hasta por los mismos asesinos en muchos casos, han quedado perfectamente esclarecidos estos asesinatos, que se encubrían con la fórmula «al intentar pasarse al enemigo». Y esto ocurre durante todo el dominio marxista, hasta la liberación de la zona roja por el Ejército nacional.

En el correspondiente anexo documental se inserta fotocopia de varios folios de un procedimiento militar rojo, que constituye un ejemplo de estos millares de casos de encubrimiento judicial de los crímenes realizados, en cuyo suceso aparece el tiro en la nuca, que desde el asesinato de D. JOSÉ CALVO SOTELO se convierte en típico sistema de acción marxista. (Documento núm. 11, letras A a la E.) Investigado este caso concreto a raíz de la liberación total de España, queda perfectamente acreditado, por declaraciones de testigos presenciales, que la víctima, llamada D. Vicente Espallargues Sospedro, fué asesinada el día 30 de noviembre de 1937 por orden del Comandante, siendo ejecutores materiales un Teniente llamado Esteban Cerezo y dos enlaces. Consta también que en esta misma Brigada fueron asesinados don Pablo Borrella García, de veinticinco años; D. Mariano Serna Mora, de veintiún años, campesino; D. Manuel García Prados, de veintiséis, camarero; D. Alberto Diosdado, y otros muchos soldados de la Unidad, siendo explicados todos estos casos como deserción al campo enemigo. Es significativo el hecho de que el jefe del 117 Batallón de esta Brigada fuese Ismael Bueso Vela, antiguo Guardia de Asalto, complicado en el asesinato de D. JOSÉ CALVO SOTELO.

A fines del mes de octubre de 1937 los Mandos militares y el Comisariado Político de la 36 Brigada roja, que guarnecía el sector del barrio de Usera, en las afueras de la capital, puestos de acuerdo con la organización comunista madrileña, urdieron una maniobra consistente en atraer a dicho sector a cuantas personas, preferentemente adineradas, pudieron reunir, haciéndoles creer que iba a serles facilitada la evasión a la zona nacional; con el designio por parte de los comunistas de asesinar a dichas personas y apoderarse de cuanto dinero y objetos de valor llevasen consigo, a cuyo efecto se les instaba para que, aprovechando las condiciones de seguridad y comodidad que había de ofrecer su evasión, llevasen encima cuanto dinero y alhajas poseyesen.

Dirigió estas actividades, de acuerdo con los mandos de la 36 Brigada, un comunista, titulado Comandante del Ejército rojo, apellidado Durán, y sirvió de agente provocador un Capitán del mismo Ejército, apellidado Cabrera, que, fingiéndose afecto a la causa nacional y recurriendo a varios engaños, atrajo al sector de Usera, en varias expediciones, a numerosas personas, la mayoría de las cuales habían sido extraídas de las Embajadas y Legaciones extranjeras, donde se hallaban refugiadas, temerosas de la anarquía imperante en Madrid. Todas estas personas son asesinadas y despojadas, quedando sepultados sus cadáveres en un lugar próximo a la línea de fuego, donde fueron hallados e identificados al ser liberada la capital de España por el Ejército nacional. Al llegar las expediciones, conducidas en automóvil por los agentes provocadores y sus enlaces, al sector de Usera y apearse de los coches las víctimas, eran conducidas a un chalet que servía de oficina al jefe de Información de la Brigada, que era el propio Cabrera, que personalmente había llevado la provocación, convenciendo en Madrid a las víctimas y preparando las expediciones. Ya dentro de dicho chalet, las víctimas eran interrogadas y maltratadas en presencia del Comandante del 142 Batallón, Juan Ruiz Llamas, y de varios oficiales y milicianos incondicionales del mando rojo; a continuación, los detenidos eran despojados de todo su dinero y alhajas, y asesinados junto a las tapias del edificio, siendo enterrados, amontonados, en unas fosas, preparadas al efecto en aquel mismo lugar. El dinero y objetos de valor eran recogidos y trasladados a Madrid por los agentes comunistas. Se tienen noticias de ocho expediciones realizadas en esta forma, cuyos componentes fueron todos asesinados.

En dictamen emitido en 28 de octubre de 1939 por los doctores Piga y Aznar, en representación de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad de Madrid, se consigna que de los 67 cadáveres exhumados después de la liberación de Madrid, en las fosas de Usera, la mayoría habían muerto a consecuencia de disparos de arma de fuego, si bien algunos de ellos presentaban síntomas de asfixia o de estrangulación, apareciendo uno de los cadáveres con el cuello rodeado con una cuerda en forma de lazo; casi todas las víctimas presentaban las manos fuertemente atadas. De estos cadáveres, 36 han podido ser identificados por los respectivos familiares. Se acompaña fotografía de dos de las víctimas exhumadas. (Documento número 12.)

Han podido ser determinados por diversos medios los nombres de las siguientes víctimas de la provocación comunista relatada, cuyo asesinato, precedido de robo, realizó, durante los últimos días de octubre y mes de noviembre de 1937, la 36 Brigada Mixta del Ejército del Frente Popular:

D. Carlos de Garnica y Sandoval, D. José Garnica y Zapatero, D. Angel Méndez y González Valdés y sus cuatro hermanos, D. Ignacio, D. Félix, D. Jesús y D. José ; D. Rafael Lucio Villegas Escudero, D. Ambrosio Espinosa Rodríguez, D. Enrique Covián y Frera, D. José Ramón García Conde y Menéndez, D. José María Navarrete del Salar, D. Serafín Sánchez Pindado y D. Ismael Rodríguez Orduña (ambos sacerdotes), D. Manuel González Quevedo, D. Alfonso Dalmau Alecha, D. José Antonio Ateiza Areños, D. Pablo Vázquez Lázaro, D. Joaquín Gil Ruano, D.' Nicolasa Sánchez Pindado, D. Dionisio Celestino Martín Sánchez, D. Laureano Miró Barbany, D. Luis Miró Barbany, D. Joaquín Lopetedi Miró, D. Manuel de la Dehesa Fuentecilla, D. Alfonso Solance Beunza, D. Emilio Campos Burón, D. Domingo Delgado Sánchez, D. Eusebio Orgaz Berzocana, D. Manuel Toll Mesía, D. Estanislao Urquijo Landecho, D. Santiago Urquijo Landecho, don Fernando González Prieto y su hijo D. Fernando González Ledesma, D. Valero Ribera Ridaura, D. Francisco de Cubas y Erice (Marqués de Fontalba) y su nieto D. José de Hoces y Cubas, D. Isidoro Uceda Cano, D. Fernando Díaz de Mendoza y Serrano (Marqués de Fontanar), D. Luis Sangil Coronal (Marqués de Peramán), D. Antonio Sánchez Hermida, D. Ramón Ibarra Uriarte, D. Manuel Landecho y Ve-lasco, D. Antonio Robles Rodríguez, D. Antonio Arroque Ibarra, don Luis Vegas Pérez, D. José Duque de Estrada y Moreno, D. Antonio Bonilla San Martín, D. Santiago Prieto y Prieto, D. Fernando Rodríguez Orduña, D. José Rodríguez Orduña, D. Francisco Rubio Janini, D. Gerardo Aparicio Gordo, D. Jorge Manteola, D. Francisco Tejero del Barrio, D. Francisco Martín Gil, D. Manuel Navas Aguirre, D. Juan Antonio Sanz Pinilla, D.' Natividad Delgado Sánchez, D. Rodrigo Delgado Sánchez, D. José González Quevedo, D. Antonio Quiles Sanz y un señor apellidado Souceda.

Antes de su asesinato, las víctimas de cada expedición solían permanecer detenidas, durante cuatro o cinco días, en un sótano del referido chalet del barrio de Usera, siendo sometidas durante su secuestro a constantes interrogatorios, acompañados de martirios. Un reloj de oro perteneciente a una de las víctimas fue hallado por las Autoridades nacionales en poder de uno de los asesinos, llamado Gregorio Caballero.

 

El edificio del Palacio Nacional (antiguo Palacio Real), que sirvió de puesto de mando a una de las Unidades militares rojas que guarneció el frente de Madrid, funcionó como «checa» desde noviembre de 1936 hasta muy avanzada la guerra, constando numerosos asesinatos cometidos en la «checa» militar referida, directamente dependiente del jefe militar rojo que desempeñaba dicho mando, siendo el primero de estos jefes el Teniente Coronel Julio Mangada, y otro de ellos, el Teniente Coronel rojo Carlos Romero.

Las mismas características criminales que mostró el Ejército rojo del Centro, de cuya actuación en este sentido se han señalado sólo como limitadísimo ejemplo algunos casos concretos, acompañan a los demás Ejércitos marxistas repartidos por la zona dominada por el Frente Popular (Andalucía, Extremadura, Levante, etc.), cuyas tropelías y delitos de Derecho común han sido también judicialmente investigadas por la Autoridad nacional.

Los mandos de este mismo Ejército del Frente Popular llegan a intimar telefónicamente en Toledo, en la tarde del 23 de julio de 1936, al entonces Coronel D. JosÉ MOSCARDÓ, defensor del Alcázar, para que rindiese la fortaleza a las milicias rojas, bajo amenaza de asesinar a D. Luís Moscardó Guzmán, hijo del Coronel, que había sido detenido en una casa de la ciudad por las referidas milicias; amenaza que fue enérgicamente rechazada, tanto por el Coronel como por su hijo, en una conversación que mantuvieron, también por teléfono, y que ha alcanzado dimensión histórica. D. Luís Moscardó fue asesinado, y el Alcázar se defendió hasta que, casi destruido, fue liberado, juntamente con la ciudad de Toledo, el 27 de septiembre de 1936 por el Ejército de Franco. (Documento núm. 13. Declaración del Excmo. Sr. D. José Moscardó e Ituarte.)

Las Unidades disciplinarias y Campos de Concentración, cuyo régimen y custodia se había confiado al Ejército rojo, son verdaderos lugares de suplicio, en los que no se observa en el trato a los presos y corrigendos las mínimas reglas de caballerosidad, ni siquiera de humanidad, habituales, en cualquier Ejército civilizado.

Entre multitud de casos análogos, puede referirse el de Turón (Granada): En 3 de mayo de 1938 fueron sacados de la cárcel «El Ingenio», en varios camiones guardados por soldados rojos armados con fusil y bombas de mano, trescientos presos, siendo presenciada su salida por el Gobernador civil de Almería, Eustaquio Cañas, socialista asturiano, que en un mitin celebrado con ocasión de la fiesta roja de 1.° de mayo anunció a Galán, jefe del 23 Cuerpo de Ejército marxista, la salida de la expedición en estos términos: «Ahí te mando trescientos fascistas; cuando se te acaben pide más.» Llegados a Turón los presos, se les dice que van a ser ocupados en la construcción de una carretera. De madrugada se les entrega pico o pala, y vigilados por milicianos, son conducidos por un camino quebrado hasta el lugar del trabajo, distante ocho kilómetros; a los que se agotan o se retrasan se les acribilla a balazos, dando el Teniente la orden de que no se gastasen municiones y se empleara contra ellos la bayoneta. Son también asesinados cuantos presos desfallecen en el trabajo. En ocasiones, se les ordena transportar una pesada cuba cargada de agua sin que se derrame una gota, y al menor traspiés que haga derramarse el agua, el forzado es muerto de un disparo, encomendándose la tarea a otro, y así sucesivamente, habiendo cuba de agua que costó la vida a seis presos. Otro es lanzado con una carretilla por una cuesta abajo, y cuando, herido, intenta subir arrastrándose, es recibido con un disparo que le produce la muerte. Un enfermo que, debido a su estado, no puede levantarse para acudir al trabajo, es asesinado en unión de un hermano suyo, también preso, que se había abrazado a la víctima. La alimentación es escasísima, y los malos tratos y las vejaciones, constantes. Un sacerdote que se atrevió a rezar durante la noche, fue pisoteado y apaleado por un miliciano hasta arrojar sangre por la boca. Una treintena de presos comunes que figuraban en la expedición fueron elevados por los milicianos a la categoría de capataces; provistos de varas, secundaban a los milicianos en los malos tratos; un gitano, preso común, que vio herido a uno de los presos políticos, y a fin de congraciarse con el miliciano de guardia, descargó con violencia el pico de trabajo contra el pecho del herido, asomando la punta por la espalda. El 10 de junio de 1938, al mes y siete días de haber salido de Almería los presos, van asesinados sesenta y siete de los trescientos que salieron de «El Ingenio». A setenta y cinco asciende el número de víctimas de la primera expedición, y a quince el de una segunda expedición que salió con el mismo destino. Todos estos hechos han sido concretamente investigados y acreditados plenamente por la Causa General de Almería.

El 27 de octubre de 1936, en un ataque realizado por las fuerzas marxistas contra una posición nacional en el puerto de Somiedo (Asturias), fueron hechas prisioneras tres enfermeras del Ejército nacional, cuya personalidad consta; el Comandante rojo Jenaro Arias Herrero (a) «el Patas», jefe del sector, las condenó a muerte, sin formación de procedimiento alguno, diciendo a sus milicianos que aquella noche podían quedarse con las enfermeras y hacer con ellas lo que mejor les pareciera; en la misma noche fueron violadas por los milicianos en una casa del pueblo, e hicieron producir en el exterior del edificio diversos ruidos para ahogar los gritos de las víctimas. Al día siguiente, de madrugada, fueron asesinadas a tiros por unas mujeres voluntarias que, una vez cometido el crimen, las despojaron de sus vestidos, repartiéndoselos entre ellas.

El día 14 de octubre de 1936 fue hecho prisionero por los marxistas el defensor de la ciudad de Oviedo, D. Manuel de Rey Cueto, de veintinueve años de edad, y vecino de la misma; formaba parte como sargento voluntario del Regimiento de Infantería Milán núm. 32; fue crucificado y colocado de esta manera frente a las avanzadillas nacionales, en cuya forma fue encontrado el cadáver el día 21 de octubre del mismo año 1936 por las Columnas gallegas que establecieron contacto con la ciudad sitiada.

En la Marina de Guerra, la marinería que, excitada durante el período prerrevolucionario por la propaganda subversiva, había perdido toda noción de disciplina, al producirse el Movimiento Nacional se amotina contra sus oficiales (Documento número 14, letras A a la C), no para mantener la legalidad republicana, sino para imponer en los barcos la total anarquía. La oficialidad de la mayor parte de la Escuadra fue apresada por los marineros y subalternos que hicieron sufrir a los jefes y oficiales las más duras vejaciones, siendo asesinados un extraordinario número de ellos en increíbles circunstancias de ensañamiento.

Como episodio representativo de la barbarie de la marinería roja, servilmente alentada por el Gobierno del Frente Popular, pueden destacarse los crímenes cometidos en Cartagena, judicialmente acreditados todos ellos, tanto testifical como documentalmente:

El 21 de julio de 1936, la marinería afecta al Frente Popular habilita como buque prisión el transporte España núm. 3, y a él son conducidos los jefes y oficiales detenidos. El 14 de agosto del mismo año llegó a Cartagena el acorazado Jaime 1 con averías y bajas a bordo como resultado de un bombardeo de la Aviación nacional; en este buque se había constituido ya un Comité y funcionaba una Guardia roja. Los miembros de ambos organismos, secundados por los tripulantes del navío, decidieron vengar el ataque de que había sido objeto el buque en los detenidos a bordo del España núm. 3 y Río Sil, habilitado también como prisión, y en el que se encontraban, en su mayoría, los Guardias Civiles detenidos en Albacete y trasladados a Cartagena. Previa orden de la autoridad roja de Marina, fechada en 14 de agosto de 1936, a las once y media de la misma noche, fue trasladada la primera expedición, de diez detenidos, desde el buque Río Sil hasta las proximidades del Cuartel de Marinería, donde fueron desembarcados, apoderándose de ellos los grupos, que los condujeron entre golpes e insultos hasta el callejón que conduce desde el Arsenal a la Prisión Militar de Marina y a la Constructora Naval, en cuyo lugar se habían instalado unas ametralladoras que dispararon sobre los presos, que fueron rematados a tiros de pistola y desvalijados. Como este hecho alcanzase demasiada publicidad, se suspendieron las ejecuciones y se acordó que el Sil se hiciera a la mar con el España núm. 3. La marinería roja, en unión de grupos civiles extremistas, embarcó en remolcadores, dirigiéndose hacia los mencionados buques, formando el núcleo principal de estas turbas el Comité y Guardia roja del Jaime 1, la Junta de Gobierno del Arsenal con los mandos del mismo y numerosos milicianos. Cuando el buque Sil se hallaba a unas treinta millas del puerto, y con el pretexto de limpiar las bodegas donde se hallaban los detenidos, se les obligó a salir a cubierta, donde eran atados de dos en dos, con las manos a la espalda, colocándoseles unas parrillas a los pies y siendo arrojados vivos al mar, dándose el caso de que a dos de ellos se les soltaron las parrillas y quedaron en el mar reclamando auxilio angustiosamente, sin que se les hiciera el menor caso. Cuando ya habían sido sacrificados cincuenta y dos presos, los restantes se negaron a salir, amenazando con prender fuego al depósito de gasolina que había en la bodega, ante cuya amenaza, los asesinos depusieron su actitud e hicieron regresar el barco al puerto.

Mientras tanto, en el España núm. 3, cuando el buque se hallaba a unas veinte millas al Sur de Cartagena, la marinería e individuos embarcados comenzaron el asesinato de los Oficiales, a cuyo efecto formaron dos piquetes, uno a proa y otro a popa, sacándose el primer grupo de unos ocho o diez presos que fueron colocados, amarrados, en la banda de estribor; entre los caídos en este grupo figuran el Teniente Coronel de Intendencia D. Julián Pellón y el Teniente de Navío don José María Martín. Los asesinatos continuaron, siendo las víctimas obligadas a salir de una en una, en cuyo momento se les disparaba primero un tiro en la nuca y acto seguido otro en la frente, siendo arrojados los cadáveres, seguidamente, al agua. Hechos que constan tanto por notoriedad como por abundante prueba testifical e incluso documental, consistente en los partes de servicio dados por los jefes rojos.

Existen acreditados los siguientes asesinatos de marinos, perpetrados en Cartagena, sin contar los numerosísimos casos de marinos trasladados a otros puertos del Mediterráneo y asesinados durante su prisión:

 

Fue consigna general de las fuerzas armadas rojas, a fin de prevenir, por medio del terror, las evasiones a zona nacional –cuya frecuencia, incluso entre campesinos, obreros y otros reclutas de posición social modesta demuestran el deseo de sustraerse a la tiranía marxista por parte de los que la conocían y sufrían de cerca—, reemplazar al evadido por alguno de sus hermanos, o incluso, otras veces, por su padre, sin reparar en la edad de éste; el rehén ingresaba en la Unidad militar roja con muchas probabilidades de ser asesinado por orden de los mandos militares o del Comisariado político.